La Dama
Escuálida
La justicia, en mi tierra, es una dama escuálida y moribunda, con apenas
fuerza suficiente para soportar su propio peso; ¿Es acaso capaz de hacer su tan
necesaria labor en semejantes condiciones? La pobre ha sido importunada tantas
veces como estrellas en el cielo. Aquellos que se supone debían alimentarle y
cuidarle han sido los primeros: los primeros que han cogido su dulzura y han
limpiado sus mugres orificios por los que emana su podredumbre con sus blancos
y santos mantos. La agonizante dama reclama por una segunda oportunidad, pero
aquellos que transitan frente a ella le ignoran y se burlan, y se ríen de su
desgracia. Unos pocos se acercan para susurrarle al oído que su penumbra
acabará pronto; sin embargo, hay otros que sufren mirándole ahí, a su suerte,
en su lecho de muerte, y no pueden hacer más que contemplarle, pues han sido
despojados de su voluntad. Otros, en cambio, acampan a sus anchas de manera oportuna
cometiendo toda clase de barbarie contra su propia humanidad. Sea por
impotencia, por negligencia, por complicidad o por maldad, la dama blanca está
muriendo, pero su muerte traerá consigo el caos y la extinción.
Por. Marcelino Rivera
No hay comentarios:
Publicar un comentario