"Script" es una palabra que ha ganado cierta fama en el español, como muchísimas otras tantas palabras extrajeras que no denotan otra cosa más que el hecho de que hemos perdido nuestro espíritu, que cambiamos el "yo soy" por el "yo quiero ser". Ya no hay deseo de ser más que en parecer, y el ser es ahora motivo de vergüenza, como lo es el español. No es que "script" sea una palabra nueva, es que cambiamos el vocablo español porque nos da vergüenza admitir que hemos perdido nuestro espíritu. Hoy yo quiero invitar a estar orgullosos de quienes somos, y como hispanohablantes, hijos de la domesticación de la que hemos sido víctimas desde la llegada de los Españoles a nuestra tierra, que adoptamos el español como idioma y nacemos hablándolo, porque el idioma no es de quienes lo inventaron, sino de quienes lo usamos para construir nuestra identidad, que empecemos a llamar las cosas por su vocablo español, y en vez de "Script" digamos "guión, línea o libreto".
Nombrar las cosas con el español no cambia, en esencia, los problemas derivados de la pérdida de nuestro espíritu, pero describen con claridad la baja autoestima que empuñamos, no por voluntad, sino porque hemos sido domesticados como cualquier otra fiera, convertidos en nada más que animales carentes de cualquier tipo de voluntad y derecho. Tal aberración como "Call Center" es una cultura impuesta por el látigo del capitalismo y la cultura anglosajona, donde no importa nada más que trabajar para el amo a cambio de las migajas que resbalan de su boca y caen sobre el piso. Ya no somos personas, somos actores interpretando un guión, línea o libreto, ¿acaso hay mayor humillación? Por lo menos nuestros antepasados lo hacían a punta de látigo, ¿y qué otra opción había sabiendo que el látigo en verdad puede matar? Nosotros, en cambio, lo hacemos con pleno conocimiento, ya no hace falta el látigo.
"Es por la calidad" dicen ellos, y el cliente también lo cree, pero allá en el fondo es un cuento que ni ellos se tragan. El problema nunca fue que fuéramos diferentes, sino que hayamos aprendido que serlo sea motivo de vergüenza, el creer que nuestra menor estatura y nuestra piel quemada por el sol, por labrar la tierra durante siglos, tenga menor valor que aquellos de rostros pálidos. Y de ahí el hecho de que nos veamos ridículos vistiendo sus atuendos, porque tales cosas no fueron diseñados con el espíritu de nuestros antecesores genéticos. Es que su arte no estaba pensada para nosotros; y nosotros, teniendo la nuestra, empezamos a avergonzarnos de ella porque creímos que no teníamos civilización. Nunca tuvimos que buscar ser iguales, porque igual que hay belleza en la accidentada naturaleza, en como el rojo de la sangre derramada por la presa del león se mezcla con el amarillo de las sabanas y los cielos azules se relejan en los charcos de los pantanos donde acechan los cocodrilos, en las cuevas que los torogoces cavan en los paredones de los montañosos terrenos centroamericanos y el verde su plumaje se mezcla entre el follaje de los árboles y las flores amarillas que crecen a la orilla de los riachuelos, ¿acaso no hay belleza en ello? ¿Porque deberíamos querer tener sus rostros pálidos y no la piel morena que nos protege de los rayos ultravioleta?
El primera paso es dejar de llamarlos "script", y llamarlos como guión, líneas o libretos, para sentir vergüenza de lo que nos hemos convertido: en pusilánimes idiotas.
Por Marcelino Rivera.
















