martes, 30 de septiembre de 2025

Scripts y tonterías

 "Script" es una palabra que ha ganado cierta fama en el español, como muchísimas otras tantas palabras extrajeras que no denotan otra cosa más que el hecho de que hemos perdido nuestro espíritu, que cambiamos el "yo soy" por el "yo quiero ser". Ya no hay deseo de ser más que en parecer, y el ser es ahora motivo de vergüenza, como lo es el español. No es que "script" sea una palabra nueva, es que cambiamos el vocablo español porque nos da vergüenza admitir que hemos perdido nuestro espíritu. Hoy yo quiero invitar a estar orgullosos de quienes somos, y como hispanohablantes, hijos de la domesticación de la que hemos sido víctimas desde la llegada de los Españoles a nuestra tierra, que adoptamos el español como idioma y nacemos hablándolo, porque el idioma no es de quienes lo inventaron, sino de quienes lo usamos para construir nuestra identidad, que empecemos a llamar las cosas por su vocablo español, y en vez de "Script" digamos "guión, línea o libreto".

Nombrar las cosas con el español no cambia, en esencia, los problemas derivados de la pérdida de nuestro espíritu, pero describen con claridad la baja autoestima que empuñamos, no por voluntad, sino porque hemos sido domesticados como cualquier otra fiera, convertidos en nada más que animales carentes de cualquier tipo de voluntad y derecho. Tal aberración como "Call Center" es una cultura impuesta por el látigo del capitalismo y la cultura anglosajona, donde no importa nada más que trabajar para el amo a cambio de las migajas que resbalan de su boca y caen sobre el piso. Ya no somos personas, somos actores interpretando un guión, línea o libreto, ¿acaso hay mayor humillación? Por lo menos nuestros antepasados lo hacían a punta de látigo, ¿y qué otra opción había sabiendo que el látigo en verdad puede matar? Nosotros, en cambio, lo hacemos con pleno conocimiento, ya no hace falta el látigo.

"Es por la calidad" dicen ellos, y el cliente también lo cree, pero allá en el fondo es un cuento que ni ellos se tragan. El problema nunca fue que fuéramos diferentes, sino que hayamos aprendido que serlo sea motivo de vergüenza, el creer que nuestra menor estatura y nuestra piel quemada por el sol, por labrar la tierra durante siglos, tenga menor valor que aquellos de rostros pálidos. Y de ahí el hecho de que nos veamos ridículos vistiendo sus atuendos, porque tales cosas no fueron diseñados con el espíritu de nuestros antecesores genéticos. Es que su arte no estaba pensada para nosotros; y nosotros, teniendo la nuestra, empezamos a avergonzarnos de ella porque creímos que no teníamos civilización. Nunca tuvimos que buscar ser iguales, porque igual que hay belleza en la accidentada naturaleza, en como el rojo de la sangre derramada por la presa del león se mezcla con el amarillo de las sabanas y los cielos azules se relejan en los charcos de los pantanos donde acechan los cocodrilos, en las cuevas que los torogoces cavan en los paredones de los montañosos terrenos centroamericanos y el verde su plumaje se mezcla entre el follaje de los árboles y las flores amarillas que crecen a la orilla de los riachuelos, ¿acaso no hay belleza en ello? ¿Porque deberíamos querer tener sus rostros pálidos y no la piel morena que nos protege de los rayos ultravioleta?

El primera paso es dejar de llamarlos "script", y llamarlos como guión, líneas o libretos, para sentir vergüenza de lo que nos hemos convertido: en pusilánimes idiotas.

Por Marcelino Rivera.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Política y filosofía: aspectos indesligables.

 Pocas cosas resultan tan repugnantes como leer o escuchar opiniones sobre política que carecen del más mínimo recato de razonamiento, como si el "yo opino" fuera un derecho concedido por el simple hecho de expeler aire por la laringe y fonar cualquier cosa que pueda ser reproducible de tal modo como si mereciera siquiera ser oída. Todo derecho conlleva, o debería conllevar, cierta responsabilidad; y cuando hablamos del derecho a la "libertad de expresión", debería entenderse que tal cosa como "expresión" contiene una lógica intrínseca y una serie de normas dentro de las cuales se ejecuta, porque no todo lo que puede ser dicho debería ser dicho, del mismo modo que todo lo que puede hacerse, tendría por qué hacerse. El ser humano puede, en la práctica, construir el arma más letal de la historia, capaz de aniquilar a cada ser vivo en la tierra, y no por eso debería realizarse, ¿y qué sentido tendría crear algo que elimine a todo, incluso a su creador? Entonces, toda expresión es una acción en tanto que produce efectos objetivos y/o subjetivos, y por lo tanto, cuando se expresa algo también hace falta entender si, como el arma, es capaz de destruir sin importar la magnitud, y preguntarnos si tal cosa es lo que buscamos. Y al expresar una opinión, es preciso entenderla de tal modo que comprendamos cuál es su origen ético y moral y sus consecuencias éticas y morales finales.

La política es la administración de la polis o civilización, en el sentido de tomar decisiones que afectan a los grupos humanos, y es que resulta obvio que por alguna razón más biológica que psicológica, seguramente, los humanos siempre hemos sentido esa necesidad de vivir en grupos, y ello sea tanto una ventaja como una desventaja. No vamos a entrar en materia sobre cómo juzgar si algo es ventaja o desventaja, que eso es materia de la moral y la ética, sino de que toda opinión política es necesariamente moral y ética, en tanto que busca tomar decisiones a partir de juicios, y todo juicio no se hace sino dentro de la moral y la ética, siendo estas áreas de filosofía en tanto que constituyen saberes fundamentales. Por lo tanto, la política es filosófica en el sentido de que está ligada a la moral y la ética.

La moral y la ética constituyen saberes fundamentales, y no son aspectos que puedan o deban ser analizados fuera de la lógica, pues fuera de la lógica, la línea entre lo real y lo irreal, y entre lo posible y lo imposible, se borra y produce nada más que nihilismo, y el nihilismo propugna la anulación de todas las cosas de forma cínica en la que ya nada importa. La lógica es la rama de la filosofía que se encarga, precisamente, de plantar los criterios que determinan lo que es real de lo que no es, y lo que es posible de aquello que no lo es, y por tanto, al hablar de la moral y la ética dentro de la lógica debemos entender que toda opinión ilógica es, por consiguiente, amoral y antiética. De este modo, resulta que toda opinión política que no se ampare en los criterios de la lógica, es amoral y antiética, y por consiguiente carece de filosofía, y conlleva, necesariamente, a un nihilismo desvergonzado que desvirtúa la inteligibilidad humana, la sociedad y la civilización, propugnando la aniquilación de todo, como lo haría el arma de la que hablábamos, capaz de eliminar incluso a su propio creador.

En conclusión, no se puede y no se debe hablar de política sin entender de filosofía, y que una opinión política es válida en tanto opera dentro de criterios filosóficos. Cualquier opinión política que carezca de criterios filosóficas no debe ser oída ni leída, sino sepultada con el nihilismo, y su autor refundido en cualquier lugar donde la civilización de pueda tener alcance.

miércoles, 16 de julio de 2025

Manifiesto de un alma en guerra

 

Manifiesto de un alma en guerra

Un manifiesto para los que eligieron creer:

Yo no creo que haya ganado una medalla,
ni que la merezca.
Tampoco estoy seguro de llegar hasta el final.
Lo único que sé es que nunca me rendí.

Mientras otros celebraban la "hora libre",
yo me llenaba de rabia porque sabía que me estaban robando algo valioso.
Mientras jugaban, yo hacía tareas de matemáticas sin saber si algún día me servirían.
Mientras ellos descansaban en la indiferencia,
yo cargaba el peso absurdo de la esperanza.

No nací con privilegios.
No soy más inteligente.
Lo único que me diferencia es que yo sí creí.

Creí en la puntualidad, aunque el maestro llegara tarde.
Creí en estudiar, aunque nadie premiara mi esfuerzo.
Creí en la ética, aunque el sistema mismo la traicionara.

Y ahora que el sistema colapsa,
que las plazas no alcanzan,
que la frustración florece,
yo no tengo paz, pero sí tengo algo:
las manos llenas de barro.

Porque si yo caigo, quiero caer así:
con el rostro sucio de haber peleado,
con los puños cerrados por no haber cedido,
con el corazón herido, pero nunca vacío.

La excelencia no se negocia.
Y aunque no haya medalla,
aunque no haya triunfo,
que nadie venga a decir que fui un incompetente.

Yo sí supe que estábamos en guerra.
Y luché.

Por Marcelino Rivera.

Dedicado a todos aquellos que eligieron creer cuando nadie más lo hizo.

viernes, 25 de abril de 2025

martes, 22 de abril de 2025