El motivo por el que escribo
Nací en El Salvador, un país con una historia gris. No recuerdo un día en el que no se respirara el sufrimiento de la gente, que a pesar de lo mal que están, siguen esforzándose por una vida miserable y creyendo, quizá con ingenuidad, que las cosas iban a mejorar. En mi corta vida he visto pasar gobernantes y políticos quienes con descaro expresan palabras más falsas que la inmortalidad del cangrejo, y la decepción recorre por mis venas hasta que me hierve del coraje y la idiotez con la que caen y vuelven a caer los imbéciles. Siempre me he preguntado por qué, pues más bien parecieran animales descerebrados limitados a una memoria de corto plazo. Me cuesta creer que un día vayan a cambiar y reafirmo mi pesimismo con gallardía. Pero a pesar de su falta de raciocinio no les considero culpables de la miseria que a todos nos ha tocado vivir, y considero que el hombre libre es una utopía que al menos todos deberíamos perseguir. La injusticia la traemos desde el nacimiento, y aunque suene cruel decirlo, definitivamente habemos (y me incluyo) algunos que, con seguridad, estamos predestinados a extinguirnos sin nada importante que aportar al mundo. Pues a fin de cuentas la vida es un enorme sinsentido. Y sé que hay ególatras y entusiastas pusilánimes que saltarán de inmediato a desmentir con elocuencia mis palabras, pero ellos no son más que pobres ilusos y cobardes que no tienen conciencia propia, mucho menos conciencia de especie o de lo irrelevantes que somos para el cosmos. Sin embargo, ya que tenemos la vida, al menos deberíamos usarla para contemplar el universo; como decía, Carl Sagan: "somos el universo contemplándose a sí mismo". En vez de malgastar la vida en tonterías como el dinero y cualquier riqueza, la cual denota más estupidez que inteligencia, apreciar la belleza de nuestro universo, y de cómo los coacervados constituyeron obras magnánimes de ingeniería cuasi perfecta. La capacidad de expresar a través de las palabras nuestras vivencias y transmitir mensajes tan inmensos que representan la belleza creativa humana. La expresión consciente de nuestro pensamiento desnudo, en el que sus imperfecciones solo lo hacen más atractivo. Escribo para aquellos que son como niños descubriendo y aprendiendo simplemente por aprender, por saber, por disfrutar la introspección de sus propios pensamientos y sentimientos, y que reconocen que la única razón para vivir contemplarnos a nosotros mismo: al universo.
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